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viernes, 6 de enero de 2012

Generación boba (I)



Héctor Fernández

En la década de los años 80, el hoy venido a menos, doctor Edmundo Chirinos, Rector para esa época de la Universidad Central de Venezuela (UCV), se refería a la “Generación Boba” para calificar a un grupo de estudiantes que iba en aumento.


Este tipo de estudiantes, en su mayoría, eran hijos de los mismos profesores de las universidades, de los empresarios dueños del poder económico del país, y de los hijos de todas aquellas personas que representaban, en alguna manera, algún poder del Estado, Ministerios, Instituciones Oficiales, Empresas Básicas, etc., es decir, hijos que en su vida han realizado algún esfuerzo para conseguir algo, hijos que lo han tenido todo y no conocen el valor de las cosas.
De vez en cuando salía algún reportaje por la prensa nacional mostrándolos con fotos jugando cartas en los pasillos de la universidad, fumando cigarros y algunos con “porros” o “chirre” como se le conocen en mi pueblo al “pito de marihuana”. Era una vida “way”, suave, sin estrés, sin preocupaciones de ningún tipo. Eran chicos que estaban allí aunque no sabían para qué.
Era una vida vacía donde los muchachos iban a clases como autómatas sin ninguna motivación por querer entender las clases o mostrar algún interés de lo que el “ladilloso” profesor estaba hablando. Introdujeron la bazofia sifrina a la universidad y fueron sustituyendo paulatinamente el histórico e irreverente hablar revolucionario que caracterizaba al estudiante universitario de los años 60 por este otro, bobo, sin sentido y banal lenguaje.

El doctor Chirinos explicaba que por las características de este tipo de estudiantes era muy poco probable que se graduaran, pues sólo iban a la universidad a pasar el rato y a disfrutar de la compañía de los amigos, pues los estudios “no le entraban en la cabeza”.

Pero pasó algo increíble, los profesores con cierta ética y que sí conocían el valor de las cosas y el esfuerzo que se debía hacer para conseguir algo, empezaron a “ayudar” a los hijos de los “amigos profesores” y a los hijos de los amigos de los que le hacían favores, de modo que estos estudiantes se fueron graduando, ¡total!, pensaban, esos muchachos lo que quieren es un título para complacer a sus padres, nadie les dará trabajo porque no tienen necesidad de ello y no están capacitados ni preparados para ningún trabajo.

La genial excusa que daban como argumentos estos profesores débiles de conciencia que no sólo justificaron con su actitud hipócrita y de falsa honestidad, sino que contribuyeron al establecimiento de este mal, se cayó.

Los muchachos de la Generación Boba se fueron graduando de a pocote. Los padres les fueron dando trabajo en sus propias empresas para asegurar la continuidad de la herencia imperial económica familiar ¡total! No les importaban los mejores profesionales, sino que sus hijos aprendieran las misma mañas y tramposerías con que ellos se hicieron rico, pero con la diferencia de que sus hijos tendrían títulos universitarios, cosas que siempre los padres añoraron.

Es resaltante el caso del título “Doctor Honoris Causa” que “compró” Caldera a la USB por dos mil (2.000) dólares, perdón que le confirió la USB en 1974 (recordemos que la USB fue creada para destruir la universidad pública a través de la UCV e inaugurada en el Gobierno de Caldera en 1970, es decir en cuatros de vida, la USB otorga un Honoris causa, y nada menos que a su padre putativo).

Los papás que trabajaban en los ministerios e instituciones del Estado le fueron dando trabajo a sus hijos y a los panas de éstos, lo que trajo como consecuencia la degradación del profesionalismo y de la Estructura del Estado mismo.

Pero lo peor, fueron los profesores universitarios. Estos empezaron a amañar los Concursos de Oposición de las universidades, para darles trabajo a sus hijos y a sus ineptos amigos. Es aquí donde se crea el punto de inflexión que degradó a la institución universitaria como esencia misma de la formación ciudadana.

Esta gente cada vez fue aumentando hasta lo que tenemos hoy, una mayoría de “profesores” ineptos, sin capacidad, sin formación, cínicos, déspotas, sinvergüenza y clientelar que mantienen con su mayoría de votos a sus panas en los cargos que dirigen a la universidad.

Para confirmar esto solo basta revisar cualquier universidad autónoma o experimental y ver quienes ocupan los cargos y cuál es el personal universitario, vamos a encontrar una universidad donde la mayoría es familia y/o un amigo muy cercano (comadre, compadre, etc.).

Esto ha sido la razón fundamental de la degradación de la conciencia venezolana, delincuentes disfrazados de “profesores” que dirigen la universidad, fomentando la pérdida de valores, lo deshonesto, el negocio académico, la compra y venta de Títulos.

Es tan descarada esta perdición, que hasta en la prensa abiertamente se publicitan el hacerles las Tesis y los Trabajos de Grado, por un precio ya tasado, a los estudiantes sinvergüenzas. Esta pérdida de valores y de la conciencia venezolana se hizo extensiva a todas las instituciones del Estado, enfermando de manera crónica la salud del país como República y como Nación.

De esta manera, en definitiva esta Generación Boba no sólo se sigue graduando por el enquistamiento de autoridades corruptas y delincuenciales que vienen de este submundo, sino que siguen pudriendo la salud y decencia del país.

Hay que repensar a la universidad, pero no sólo eso, sino que hay que evaluar en méritos de verdadera vocación y capacidad idónea de formación a los profesores universitarios, para sacar a toda esa lacra que cubierto con el manto sagrado de docente universitario ha ensuciado a algo tan sublime como es la enseñanza y formación de nuestros hijos.


Con la conciencia de lucha y combate por siempre …

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