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sábado, 24 de diciembre de 2011

No pegan una

Roberto Hernández Montoya

María Corina Machado se disfraza de indígena hollywoodense para congraciarse con los indígenas luego de que se limpió la cara por el beso de una de ellos, pero inmediatamente se vuelve blanco de mofa y befa por el tufillo más de Malinche que de Pocahontas. A poco de ese bochorno, incluso entre su gente, María declara que trabajará los 33 días de diciembre. Cifra inflada de las tantas que profiere, a menos que la haya descubierto, como dice siempre, en el Instituto Nacional de Estadísticas. De chasco en chasco. Un falso atentado, de la mano con Bush, capitalismo popular, revolución del emprendimiento, en fin… Me recuerda a la esposa del Ciudadano Kane. El sueño de los echadores: la niña linda consentida y aturdida.

Su único defecto es que no se enfurece con las chacotas. Sería perfecta. Pero en todo caso su gobierno garantizaría seis años de diversión sana y barata. Sería un buen lema de campaña: "Con MariCori seis años de risa sana".

Leopoldo saca una cuña en que un pajarillo lo deposita en una ciudad de videojuego. Los echadores se divierten también con su cuña de la carrera de obstáculos.

Patética. Luego sale a tomarse un aire político dando aire político a otro necesitado: Álvaro Uribe Vélez. Y lo hace precisamente en su costado más infame: el genocida, pues amenaza con proveer al municipio Chacao con la asesoría de un paramilitar de los más comprometidos con la motosierra y la fosa común. Luego, cuando su pupilo el alcalde Emilio Graterón se hinche de orgullo para anunciar la buena nueva, Leopoldo, que estaba en la reunión donde se cocinó todo, dice que no sabe nada de ese tenebroso negociado. El colmo es la viejita metiéndole mano en un video de lo más ocurrente en su mal gusto.
¿Será una pava que les cayó a esos dos seres?

Pablo Pérez se emborracha y protagoniza una serie ininterrumpida de actos bochornosos, de pésimo gusto, simulando exámenes de próstata, y luego un altercado con unos chavistas a quienes fue a buscar camorra, como buen machista guapo y apoyado.

Tal vez el más patético es Pablo Medina, aceptado de misericordia en la MU$, como esos pobres aceptados de caridad en colegios ricos, zaheridos siempre por los riquitos. Para hacer más conmovedor su caso, se dota del verbo más exorbitante de los Seis Magníficos.

Capriles es una calamidad en sí mismo, pero es al menos el que menos bochornos públicos ha dado últimamente. Mas ¿cómo olvidar su conducta durante el Golpe de Abril, su maratón con el cogote afeitado con la palabra justicia? Tal vez sea el peor.

El antiguo gobernador de Caracas, el incurso en no sé cuántos negocios no muy despejados que explicarían su súbita fortuna, participa en un debate en que anuncia que llevará a Chávez al Tribunal de La Haya. María Corina lo secunda diciendo que lo más importante es derrotar a Chávez. ¿Será que creen que esos son planes de gobierno? ¿Algún buen amigo les explicará que no?
De verdad, ¿será una pava? Ahí no hay a quien ponerle una vela. Y lo peor es que creen que se la están comiendo. O será que esos son los que el imperio consideró dignos de Venezuela. El imperio no les ha dicho que sus planes son otros, son genocidas y no incluyen a estos majunches.

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