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miércoles, 14 de diciembre de 2011

El nuevo sistema-mundo

Ignacio Ramonet/Le Monde Diplomatique

Cuando se acaban de cumplir diez años desde los atentados del 11 de septiembre y tres años desde la quiebra del banco Lehman Brothers ¿cuáles son las características del nuevo “sistema-mundo”? La norma actual son los seísmos. Seísmos climáticos, seísmos financieros y bursátiles, seísmos energéticos y alimentarios, seísmos comunicacionales y tecnológicos, seísmos sociales, seísmos geopolíticos como los que causan las insurrecciones de la “Primavera árabe”…

Hay una falta de visibilidad general. Acontecimientos imprevistos irrumpen con fuerza sin que nadie, o casi nadie, los vea venir. Si gobernar es prever, vivimos una evidente crisis de gobernanza. Los dirigentes actuales no consiguen prever nada. (DBP: Son fichas dóciles de quienes lo han previsto todo y están precipitando el Fin del Mundo) La política se revela impotente. (DBP: realmente, los impotentes son los políticos tradicionales o politiqueros, pues la salud de la auténtica política brilla en las plazas de la Libertad cada vez en más países, desde la auto inmolación de Mohamed Bouazizi el 17 de diciembre de 2010 en una ciudad intermedia de Túnez).

El Estado que protegía a los ciudadanos ha dejado de existir (DBP: ¿cuándo los protegió? Sin ignorar los logros, en Europa, del perdido “Estado de bienestar”, lo cierto es que el Estado siempre ha estado al servicio de los capitalistas, como lo denunció oportuna y lúcidamente el marxismo científico aplicado a la economía política). Hay una crisis de la democracia representativa: “No nos representan”, dicen con razón los “indignados” (DBP: Estoy totalmente de acuerdo. Es que -aunque los impostores insistan en mantener la práctica falaz- ya nadie honrado puede pretender representar a nadie, pues el ágora virtual que son las TIC está disponible cada vez para más gente. Los potentados las desarrollaron para controlarnos minuciosamente a todos, como lo denunció George Orwell en su “1984”, pero los ciudadanos dignos y lúcidos han encontrado la manera de convertirlas en un instrumento de liberación idóneo para el ejercicio de la democracia verdadera, la que le permite expresarse e intervenir a cada persona, sin restricciones arbitrarias, lo cual elimina a todos los impostores que suelen suplantar a los demás en su ejercicio político soberano). La gente constata el derrumbe de la autoridad política y reclama que ésta vuelva a asumir su rol conductor de la sociedad por ser la única que dispone de la legitimidad democrática (DBP: lo que la gente reclama es el ejercicio de la democracia directa con el consiguiente desconocimiento de representantes y delegados, todos ellos decadentes impostores que desprecian a las masas manipuladas, ignorantes y fanatizadas. No han entendido que ahora se trata de multitudes pensantes, dignas e indignadas, resueltas a ejercer directamente el poder político, económico y social -sin taras ideológicas ajenas a la ética pero sujetas a morales arbitrarias que protegen intereses oscuros reñidos con la justicia y el bienestar-, mediante instituciones indudablemente democráticas, definidas y regidas por el pueblo, y dotadas de los recursos necesarios para adelantar sus tareas con solvencia, en beneficio común y sin riesgos de que se las apropien los demagogos con complejos de superioridad pero ineptos absolutos para sacar a la Humanidad del abismo al que la han traído). Se insiste en la necesidad de que el poder político le ponga coto al poder económico y financiero (DBP: desde luego, estoy de acuerdo si se trata de un “poder político” desconocido hasta ahora y que enterrará la Historia, pues no se basará en la fuerza, la violencia, la ignorancia, los privilegios, la mentira, la humillación, la injusticia ni en tantas barbaridades empleadas por los desalmados amantes del poder y la riqueza, acostumbrados a obtenerlos a costa de las mayorías sojuzgadas. Ahora se trata del auténtico poder popular ejercido mediante la participación directa de todos los ciudadanos que deseen intervenir en la discusión sobre los asuntos públicos, a fin de establecer las soluciones democráticas que les convengan a las mayorías). Otra constatación: una carencia de liderazgo político a escala internacional. Los líderes actuales no están a la altura de los desafios. (DBP: desde luego, la noción de “líder” corresponde al período caduco conocido como Historia y que está agonizando, de modo que ha perdido toda su vigencia. La viene sustituyendo la soberanía del individuo libre e igual legalmente a cualquiera, al cual nadie puede seguir atribuyéndose el derecho a remplazar o a representar, como ha sido lo típico en las falsas democracias liberales, simples camarillas de facciones enamoradas del poder y sus prebendas, que se organizan en partidos políticos para engañar y suplantar a los ciudadanos con promesas que pocas veces cumplen porque su lealtad es con los potentaados que pueden ayudarles a salir de pobres o a aumentar sus fortunas y su poder personales, mediante los negociados con los bienes públicos).

Los países ricos (América del Norte, Europa y Japón) padecen el mayor terremoto económico-financiero desde la crisis de 1929. Por primera vez, la Unión Europea ve amenazada su cohesión y su existencia. Y el riesgo de una gran recesión económica debilita el liderazgo internacional de Norteamérica, amenazado además por el surgimiento de nuevos polos de poderío (China, la India, Brasil) a escala internacional.

En un discurso reciente, el Presidente de Estados Unidos anunció que daba por terminadas “las guerras del 11 de septiembre”, o sea las de Irak, de Afganistán y contra el “terrorismo internacional” que marcaron militarmente esta década. Barack Obama recordó que “cinco millones de Americanos han vestido el uniforme en el curso de los últimos diez años”. A pesar de lo cual no resulta evidente que Washington haya salido vencedor de esos conflictos. Las “guerras del 11 de septiembre” le costaron al presupuesto estadounidense entre 1 billón (un millón de millones) y 2,5 billones de dólares. Carga financiera astronómica que ha tenido repercusiones en el endeudamiento de Estados Unidos y, en consecuencia, en la degradación de su situación económica.

Esas guerras han resultado pírricas. En cierta medida, finalmente, Al Qaeda se ha comportado con Washington de igual modo que Reagan lo hizo con respecto a Moscú cuando, en los años 1980, le impuso a la URSS una extenuante carrera armamentística que acabó agotando al imperio soviético y provocando su implosión. El “desclasamiento estratégico” de Estados Unidos ha empezado.

En la diplomacia internacional, la década ha confirmado la emergencia de nuevos actores y de nuevos polos de poder sobre todo en Asia y en América Latina. El mundo se “desoccidentaliza” y es cada vez más multipolar. Destaca el rol de China que aparece, en principio, como la gran potencia en ciernes del siglo XXI. Aunque la estabilidad del Imperio del Medio no está garantizada pues coexisten en su seno el capitalismo más salvaje y el comunismo más autoritario. La tensión entre esas dos fuerzas causará, tarde o temprano, una fractura. Pero, por el momento, mientras declina el poderío de Estados Unidos, el ascenso de China se confirma. Ya es la segunda potencia economica del mundo (por delante de Japón y Alemania). Además, por la parte importante de la deuda estadouninese que posee, Pekín tiene en sus manos el destino del dólar… (DBP: Temo que estas naciones emergentes son otro embeleco que nos distrae de la verdadera amenaza que se cierne sobre la Vida y la biosfera: el consumismo convertido en la guía de las economías neoliberales que han infestado a todos los países, incluyendo a la gigantesca y cada vez más deteriorada China, dedicada a guardar dólares mientras su pueblo trabaja por salarios miserables para surtir los mercados de occidente en vez de satisfacer su enorme mercado interno, como sería lo racional en un país que se auto denomina república popular y que hizo una revolución sangrienta -presuntamente radical y ortodoxa, dizque “proletaria”- para fortalecer a los potentados sionistas, en últimas. En cuanto al enfrentamiento o “fractura” entre estos supuestos rivales que comparten los mismos valores depredadores -aunque expresados con discursos presuntamente opuestos o antípodas-, se trata de una obsesión de los dueños del Mundo -los Rotschild y sus socios y siervos del Club Bilderberg-, que los impele a desatar la tercera guerra mundial lo más pronto posible, con cualquier pretexto y contra cualquier enemigo, ya sea Corea del Norte, Irán, Venezuela... lo que les interesa es superar la crisis mediante el asesinato de las víctimas que, de permitirles vivir, no dejarán de llamarlos al orden para cobrarles sus crímenes y establecer una sociedad verdaderamente humana, que pueda considerarse civilizada y digna de los ejemplares más evolucionados de la especie)

El grupo de Estados gigantes reunidos en el BRICS (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica) ya no obedece automáticamente a las consignas de las grandes potencias tradicionales occidentales (Estados Unidos, Reino Unido, Francia) aunque éstas se sigan autodesignando como “comunidad internacional”. Los BRICS lo han demostrado recientemente en las crisis de Libia y de Siria oponiéndose a las decisiones de las potencias de la OTAN y en el seno de la ONU. (DBP: las apariencias indican que hay cierta insubordinación, de la cual la CELAC sería su última y portentosa manifestación independiente y soberana. Pero como los hechos son los mejores indicativos para juzgar al prójimo, según enseñanza de Jesús bastante popular, considero más dicientes los saqueos a la Naturaleza presentes en todos estos países presuntamente independientes, incluyendo al Perú con su recién estrenado Ollanta Humala, populista barato que ha preferido perder su máscara tempranamente reprimiendo a su pueblo para defender los intereses de la minería internacional que se apresta a seguir saqueando inmisericordemente sus recursos naturales, como lo hizo con Alán García, pues el problema no es la ideología ni la retórica de los goberantes sino los saqueos que les autorizan a los potentados. Ante estas realidades repetidas por todos los gobiernos y en todos los países, son intrascendentes y despreciables los discursos antiimperialistas y populistas con los que los demagogos de “izquierda” al servico del Neoliberalismo evitan que nos enteremos de tales abusos, que se constituyen en la tabla de salvación del agónico sistema jerárquico y consumista dirigido por los banqueros ladrones y desalmados) .
Decimos que hay crisis cuando, en cualquier sector, algún mecanismo deja de pronto de funcionar, empieza a ceder y acaba por romperse. Esa ruptura impide que el conjunto de la maquinaria siga funcionando. Es lo que está ocurriendo en la economía desde que estalló la crisis de las sub-primes en 2007.

Las repercusiones sociales del cataclismo económico son de una brutalidad inédita: 23 millones de parados en la Unión Europea y más de 80 millones de pobres… Los jóvenes aparecen como las víctimas principales. Por eso, de Madrid a Tel Aviv, pasando por Santiago de Chile, Atenas y Londres, una ola de indignación levanta a la juventud del mundo. (DBP; estoy plenamente de acuerdo y aplaudo y apoyo la reacción, tan digna e incruenta, lo cual la vuelve invencible, como se lo están haciendo saber los Occupy o los 99% o los Indignados a todo el mundo, incluyendo a los potentados que los expulsan de las plazas donde se reúnen para protestar)

Pero las clases medias también están asustadas porque el modelo neoliberal de crecimiento las abandona al borde del camino. En Israel, una parte de ellas se unió a los jóvenes para rechazar el integrismo ultraliberal del Gobierno de Benjamín Netanyahu.

El poder financiero (los “mercados”) se ha impuesto al poder político, y eso desconcierta a los ciudadanos. La democracia no funciona. Nadie entiende la inercia de los gobiernos frente a la crisis económica. La gente exige que la política asuma su función e intervenga para enderezar los entuertos. No resulta fácil; la velocidad de la economía es hoy la del relámpago, mientras que la velocidad de la política es la del caracol. (DBP: quizás la reacción de los indignados, verdaderos políticos, va más rápido que un caracol, y de las mayorías depende acelerarla hasta superar el ritmo de la depredación impuesta por los potentados con sus fracasadas recetas neoliberales). Resulta cada vez más dificil conciliar tiempo económico y tiempo político. Y también crisis globales y gobiernos nacionales.

Los mercados financieros sobrerreaccionan ante cualquier información, mientras que los organismos financieros globales (FMI, OMC, Banco Mundial, etc.) son incapaces de determinar lo que va a ocurrir. Todo esto provoca, en los ciudadanos, frustración y angustia. La crisis global produce perdedores y ganadores. Los ganadores se encuentran, esencialmente, en Asia y en los países emergentes, que no tienen una visión tan pesimista de la situación como la de los europeos. También hay muchos ganadores en el interior mismo de los países occidentales cuyas sociedades se hallan fracturadas por las desigualdades entre ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres.

En realidad, no estamos soportando una crisis, sino un haz de crisis, una suma de crisis mezcladas tan intimamente unas con otras que no conseguimos distinguir entre causas y efectos. Porque los efectos de unas son las causas de otras, y asi hasta formar un verdadero sistema. O sea, nos enfrentamos a una crisis sistémica del mundo occidental que afecta a la tecnología, la economía, el comercio, la política, la democracia, la guerra, la geopolítica, el clima, el medio ambiente, la cultura, los valores, la familia, la educación, la juventud, etc. (DBP: nuevamente, de acuerdo.

La crisis es sistémica y sólo se resuelve cambiando el sistema. Las alternativas son el Nuevo Orden Mundial opresivo, consumista y jerárquico en que vienen empeñados hace cinco mil años los sionistas para causar el Fin del Mundo que les impuso Yahvé como su misión; o la Sociedad Democrática Global equitativa, abundante y plana, donde la dignidad de cada uno sea respetada y sus necesidades plenamente satisfechas. Ésta será una conquista de los abundantes mansos de corazón que poseerán la Tierra, según promesa del sabio maestro de Galilea que nos toca realizar a los dignos).

Vivimos un tiempo de “rupturas estratégicas” cuyo significado no comprendemos. Hoy, Internet es el vector de la mayoría de los cambios. Casi todas las crisis recientes tienen alguna relación con las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información. Los mercados financieros, por ejemplo, no serían tan poderosos si las órdenes de compra y venta no circulasen a la velocidad de la luz por las autopistas de la comunicación que Internet ha puesto a su disposición. Más que una tecnología, Internet es pues un actor de las crisis. Basta con recordar el rol de WikiLeaks, Facebook, Twitter en las recientes revoluciones democráticas en el mundo árabe.

Desde el punto de vista antropológico, estas crisis se están traduciendo por un aumento del miedo y del resentimiento. La gente vive en estado de ansiedad y de incertidumbre. Vuelven los grandes pánicos ante amenazas indeterminadas como pueden ser la pérdida del empleo, los choques tecnológicos, las biotecnologías, las catástrofes naturales, la inseguridad generalizada… Todo ello constituye un desafio para las democracias. Porque ese terror se transforma a veces en odio y en repudio. En varios países europeos, ese odio se dirige hoy contra el extranjero, el inmigrante, el diferente. Está subiendo el rechazo hacia todos los “otros” (musulmanes, gitanos, subsaharianos, “sin papeles”, etc.) y crecen los partidos xenófobos.

Otra grave preocupación planetaria: la crisis climática. La conciencia del peligro que representa el calentamiento general se ha extendido. Los problemas ligados al medio ambiente se están volviendo altamente estratégicos. La próxima Cumbre mundial del clima, que tendrà lugar en Rio de Janeiro en 2012, constatarà que el número de grandes catástrofes naturales ha aumentado así como su carácter espectacular. El reciente accidente nuclear de Fukushima ha aterrorizado al mundo. Varios gobiernos ya han dado marcha atrás en materia de energía nuclear y apuestan ahora -en un contexto marcado por el fin próximo del petróleo- por las energías renovables.

El curso de la globalización parece como suspendido. (DBP: considero que la unidad fiscal y presupuestal impuesta por Ángela Merkel, vocera de los potentados anónimos escondidos en el “mercado”, indica que lo que se han dado es pasos de gigante en el propósito de subordinar los países a los banqueros, lo cual significa que consolidan la globalización, según la entienden; o sea, imponiendo su NOM y los valores del Club Bilderberg).

Se habla cada vez más de desglobalización, de descrecimiento… El péndulo había ido demasiado lejos en la dirección neoliberal y ahora prodría ir en la dirección contraria. Ya no es tabú hablar de proteccionismo para limitar los excesos del libre comercio, y poner fin a las deslocalizaciones y a la desindustrialización de los Estados desarrollados. Ha llegado la hora de reinventar la política y de reencantar el mundo. (DBP: ya va quedando claro que la satisfacción del mercado interno es la prioridad en una economía sana, al servicio de la gente y no de sus opresores.

El comercio exterior es un complemento en vez del dogma sagrado que les permite a los potentados apoderarse del Mundo y apabullar a los pueblos)

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