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lunes, 20 de junio de 2011

ECOS DE CAUDILLOS & CAPOS



Darío Botero Pérez

CANTO DE LAS VÍCTIMAS

“No Estoy para circunloquios ni metáforas.
Necesito conocer la cruda verdad”
Grita el desplazado,
Ya sea viuda, huérfano,
Padre o madre sin hogar.

¡No más mentiras!
‘No más tapadera!
¡No más impunidad!
Gritamos a coro los demás.

Y se reúnen las multitudes
exigiendo la verdad.

¡Que se repare a las víctimas!
¡Que se resarza a la sociedad!
¡Que se castigue a los bandidos!
¡Que esto no se repita jamás!

En septiembre de 2008 remití el texto “Caudillos & Capos”, que cobra actualidad indiscutible al iniciarse este 16 de junio de 2011 un proceso histórico contra Uribe Vélez, a raíz de las interceptaciones del DAS, uno de su más sonados delitos, pues se trata de la agencia de espionaje y represión al servicio directo del presidente, según lo determinó su creador, Gustavo Rojas Pinilla.

Los malos manejos dados por el ejecutivo a su agencia para perseguir a la oposición, nombrando delincuentes reconocidos como sus jefes (con joyitas como Jorge Noriega y María del Pilar Hurtado), son una responsabilidad indelegable y alcahueteada abiertamente.

A pesar de ser denunciados, los delitos no cesaron, aunque Uribe se comprometió hasta a desmantelar la desacreditada agencia, cuando la opinión pública no creyó que las chuzadas eran obra de los terroristas infiltrados, como pretendieron hacernos creer.

Pero son tan cínicos y estúpidos que no respetan las más elementales muestras de inteligencia, de modo que el régimen hegemónico de los falsos positivos y tantas canalladas más, quiso convencernos de su inocencia con una táctica que les encanta, negando lo evidente.

Para reforzar su impostura, volviéndola más convincente (en su decrépita opinión de sicópatas), hasta recompensas jugosas ofrecieron a quienes denunciaran a los macabros que habrían copado el DAS sin que se diesen cuenta Uribe y sus íntimos, como José Obdulio Gaviria, Edmundo del Castillo, Bernardo Moreno, entre otros manipuladores de la aterradora agencia represiva.


De ninguna manera podemos permitir que se declare la impunidad para el personaje, aunque él confía mucho en su capacidad para embaucar, tanto como en la ingenuidad y la fidelidad de sus seguidores.

Pretende manipular el interrogatorio a su conveniencia personal, eludiendo preguntas y pretendiendo declararse como víctima, en el mejor estilo de el propagandista de Hitler y manipulador de nazis fanáticos, Goebbels. (Su doctrina la popularizó en Colombia su legendario admirador, el Monstruo Laureano Gómez, el papá del Álvaro cuyos asesinos denunció un mafioso desde USA).

Uribe considera que podrá darle el rumbo que suele darles a todos sus disparates encaminados a ocultar la realidad, culpando a las víctimas y exculpando a todos los victimarios que se declaren furibistas respetables (aunque se sepa que son bandidos).

Supone que sus “hijitos” -forjados en “consejos comunales” intensos y cebados con subsidios miserables- no permitirán que sus víctimas lo ofendan ni que sus jueces constitucionales lo acusen o incriminen, imputándole las responsabilidades que le corresponden como cabeza del régimen más criminal de toda América Latina en lo que va corrido del s. XXI.

Confía en que sus jueces constitucionales no se atreverán a sacar a la luz sus delitos, pues la mayoría de representantes a la Cámara son sus cómplices parapolíticos, y hasta uno de sus tres conjueces se relaciona con la Gata, famosa mafiosa empresaria del chance y aficionada al poder político dinástico.


Aconsejado por el retrógrado intelectual José Obdulio Gaviria Vélez, todavía cree que los politiqueros corruptos y clientelistas seguirán acompañándolo, cuando lo que les aconsejan los tiempos como políticamente correcto es abandonarlo y endilgarle todas las culpas por ser la cabeza visible de su dictadura.

Tampoco admite que ya lo han abandonado las mayorías honradas y decentes, porque han entendido claramente su corrupción y su hipocresía, de modo que debemos corroborárselo impidiendo que la Comisión de Acusaciones lo absuelva.


Dado que “no hay plazo que no se cumpla”, conviene tener en cuenta estos antecedentes y recordar algunos personajes, entre tantos que tendrán que pagar sus delitos.

No se trata de oportunismo sino de justicia y de supervivencia.

Si la oligarquía tradicional no sabe aprovechar la ocasión, los parapolíticos sí sabrán cobrárselas en 2014. Pero los herederos de los “libertadores” disponen de tres años para evitar las impunidades (frustrando a los furibistas, convencidos de que las tenían aseguradas).


Es de esperarse que reaccione con inteligencia y dignidad el pueblo apasionado.

“Colombia es pasión” fue la consigna para fanatizarnos y embrutecernos que eligieron el tigre Uribe y sus asesores, incluyendo a su creadora, una beneficiaria de los subsidios del súbito billonario, el peligroso “Uribito”, ex soldadito y ex ministrito de agricultura y testaferro del dictador (destinado para reemplazarlo, a mucho honor).

Por fortuna, la astucia de Santos nos salvó del desastre total y acelerado, aunque él no deja de impulsar los planes del Neoliberalismo, como los demás lacayos sionistas por todo el mundo. La diferencia es que sus vínculos con el narcotráfico no son tan claros como en los demás integrantes de los carteles de la droga (que se tomaron el poder en Colombia y que están haciendo lo mismo en México y los demás países centroamericanos).

Su habilidad política es digna de esa época en que la gente prudente prefería callar. Y los astutos, medrar de cuenta de la sólida, arbitraria y corrupta dictadura, tan generosa con sus cómplices y alcahuetas, pero fuera de la cual no existíamos sino terroristas.

Y Santos prefirió ganarse al gurú actuando como el más antiterrorista de todos, lo que le permitió halagar el corazón de piedra de su paranoico jefe y derrotar al desastroso Andrés Felipe Arias, quien, como su jefe, siempre estuvo en campaña.

O sea, Arias incurrió en conductas punibles desde que lo nombró ministro y quiso remplazar a Uribe, tanto como ganarse el favor de los terratenientes y los empresarios agroindustriales.

Lo intentó engañando y reprimiendo al pueblo campesino, y llevando la corrupción a extremos desconocidos, pues la adobó con un cinismo que insiste en ejercer porque confía en que le permitirá cebar a los engañados y hacer que salgan a las calles a defender a Uribito y a su clon mayor (o mentor).

Ambos consideran que sus huestes los salvarán sin preguntarse por la moralidad de sus líderes naturales. Confían en que a sus crédulos, ingenuos y valientes seguidores no les cabe duda de que son inocentes, calumniados y perseguidos por los terroristas aliados del mundo entero, aunque ya Claudia Gurisatti no lo jure y rejure en NTN24 (¿Perdería la fe la buena muchacha?).

Es que ya los medios no tienen ningún interés en halagar la dictadura decrépita, a no ser los que pretendan revivirla, como El Colombiano, quizás para evitar devolver los subsidios recibidos de su flamante columnista que fue ministro y se cree dios.

Ahora no le reconocen teflón al hijo de don Alberto, de modo que los escándalos cotidianos no le resbalan, y pocos de sus capitanes están dispuestos a limpiarle la baba y demás sustancias asquerosas que se adhieren a su piel.

Prefieren establecer distancia, hacerse los desentendidos y buscar su personal impunidad, aunque lamentan que no hayan podido garantizar la de las mayorías criminales pertenecientes al furibismo porque la Corte Suprema de Justicia no se avino a nombrar un fiscal de bolsillo, ni la Corte Constitucional cedió a la presión para aprobar un tercer período presidencial del pisoteador de la ley y la Constitución.

Sin embargo, a pesar de que aún hay tanta impunidad, bajo la férula del mayordomo vitando la Fiscalía y la CSJ procedieron contra sus más evidentemente comprometidos congresistas, y le pusieron dientes a la Ley de Justicia y Paz.

Así le impidieron a las “clases emergentes” consolidar la “refundación de la patria”, obligando a Uribe -quien tanto ama su carnita y sus huesitos- a traicionar a los nuevos libertadores, como Mancuso y Báez exigiendo reconocimientos y estatuas en el Senado.


Confrontando autoridades de control, sin entrar a examinar al tal defensor del pueblo, es notable la diferencia de comportamiento de las cortes y la misma fiscalía con la de la Contraloría en manos de Julio César Turbay Quintero, quien se dedicó a controlar que nadie le impidiese saquearla, sin preocuparse por defender el tesoro público ni los bienes de la Nación que los furibistas se estaban feriando.


En síntesis, los delitos furibistas de carácter constitucional y electoral son tan protuberantes como las chuzadas; los falsos positivos; los genocidios y las violaciones; la destrucción de sindicatos; los despojos, desplazamientos y exilios; el saqueo del erario; la privatización y desnacionalización de los monopolios públicos y de los recursos naturales.

Respecto a éstos, se destacan los contratos mineros para depredar aceleradamente el Medio Ambiente, en particular numerosos sagrarios de Vida que son zonas protegidas.

Pero la cuenta de delitos de todos los órdenes y a todos los niveles es interminable, de modo que la soñada impunidad ha de quedarles muy difícil si el pueblo se quita las vendas y se yergue.


Sin duda, con Uribe -digno sucesor de Ernesto Samper, a quien tanto le colaboró para que el proceso 8.000 no lo salpicase demasiado, a cambio de la creación de las CONVIVR en Urabá-, las “clases emergentes” alcanzaron poder nacional como nunca antes.

Penetraron las instituciones aristocráticas de la constitución de Núñez, que elegante y civilizadamente resolvieron reservarse con exclusividad las dos “colectividades históricas” (liberales y conservadores) al pactar el Frente Nacional.

Con éste confirmaron la caída del dictador de pacotilla que habían utilizado para neutralizar a los guerrilleros liberales, cada vez mejor armados y más capaces. El abuelo de los Moreno Rojas los supo traicionar ejemplarmente, quizás como Uribe a los paramilitares.

Pero la guerrilla se les ha vuelto invencible, a pesar de lo que el reciente dictador les hizo creer a los potentados criollos y extranjeros con su falaz huevito de la Seguridad Democrática.

Ahora, esos supuestos aristócratas enfrentan un desafío parecido para recuperar el poder de un populista más peligroso que el general, pues es un tigre de Salgar, aunque igual de rezandero y mojigato, según nos quiere hacer creer.

O sea, bien dispuesto a matar a nombre del Dios del Amor pues, para acabar de ajustar, se dicen cristianos, tanto los furibistas como los antiguos y casi extintos anapistas (como los del M-19).


Pero los conversos Santos y los demás herederos de próceres sabrán recuperar sus fueros sin darle la oportunidad al pueblo, engañándolo para utilizarlo.

Creen que es el mismo de hace 50 años, cuando le quitaron los derechos civiles al general boyacense, y las masas vivían a merced de lo que les dijesen los medios al servicio del sistema o de los demagogos capaces de apropiárselos, como los curas de esa teocracia que era Colombia en ese entonces.

Es deber de las multitudes demostrar que ya no son masas, de modo que es de esperar que actúen con sensatez y en defensa de la Verdad y la Justicia.

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