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domingo, 26 de junio de 2011

DEFERENTE DIFERENCIA






Darío Botero Pérez

Apelando al desprecio y la ridiculización de sus contradictores, mirándolos como a ignorantes incapaces de entender la profunda doctrina, fundados en sus pesados y costosos postgrados, los neoliberales, carentes de argumentos que no puede suministrar su precaria y delirante “teoría económica”, pretenden vencer a sus críticos otorgándoles carácter de dogma a las estupideces que alimentó Ayn Rand y legitimó el Nobel de economía Milton Friedman, de quien el estafador y falsificador, Ben Bernanke es el actual profeta.

Pero tan pueril estratagema para descalificar a los críticos sensatos, viene desde los orígenes del sistema depredador que les concede a algunos particulares inescrupulosos (los potentados) poderes transnacionales que envidiarían los déspotas de mayor alcurnia (los emperadores).

Tan paradójica consecuencia del sistema que derrotó el poder absoluto de los reyes en occidente, negando el presunto origen divino de su caprichosa autoridad, ha sido el resultado del imperio de los capitalistas que, presuntamente, promueve la libre empresa.

Realmente, tal imperio abriga los peores monopolistas transnacionales, cuya grandeza se fundamenta en el Comercio Exterior impuesto a los países dependientes aprovechando el carácter lacayuno de los gobernantes.

Pero éstos, en su abyección, pretenden convencernos de que el también llamado “libre cambio” es la médula de la racionalidad económica y prueba evidente de progreso y civilización que permite que las aldeas precapitalistas se integren al Mundo. Así son de insulsos, estúpidos y vendepatrias.

Como los trasnochados postulados del “libre cambio” adquieren carácter de verdad absoluta con las teorías de la sionista “objetiva”, incapaz de apreciar el valor pero muy consciente del precio, tenemos que hacerles ver a los potentados que no todo es mercancía.

Por tanto, la dignidad no se compra, aunque ellos venden la suya desde niños, como parte de las reglas del juego que tan dramáticamente vislumbramos con las violaciones de Marcial Maciel (el fundador de los Legionarios de Cristo, una prelatura papal de Wojtyla, el reciente beato) y que el genial marqués de Sade denunció literariamente con sus libros lascivos.

En consecuencia, como adultos carecen de escrúpulos, pero son capaces de adoptar todas las poses de honorabilidad y superioridad que consideren necesarias para mantener sus inmerecidos privilegios.

Afortunadamente, como lo ilustra el reciente caso de Dominique Strauss Khan, el jefe del FMI que pretendió abusar de una humilde camarera, el sentido de decencia, dignidad y honradez está fuertemente arraigado en los mejores ejemplares de la especie, esos que los potentados desprecian, engañan, atropellan, explotan y sacrifican a su antojo. Esos que constituyen las mayorías cuya época de liberación llegó y están reclamándola por todo el Mundo.

Es que quienes no valen nada son los potentados miserables que todo lo acaparan para envilecerlo. Son tan pobres que lo único que tienen para destacarse es dinero, pues, como suelen carecer de talento y creatividad, es lo único que su absoluta pobreza les permite apreciar como valioso. Lo consideran la verdadera medida de la grandeza, la inteligencia y la divinidad. Hasta creen que los embellece. Y no dudan de que los haga superiores, al menos frente a quienes poseen menos o nada tienen de ese “estiércol del demonio”.

Para los potentados, el dinero es su dios. Por eso, la desaparición de tales bestias primitivas y fetichistas es indispensable e inevitable porque están acabando con la Naturaleza y la Vida, transmutando la riqueza verdadera en dinero, mientras convierten el Mundo en un basurero debido al consumismo que dinamiza la producción, derrocha los recursos y repite los procesos productivos para que los potentados puedan garantizar una utilidad constante y creciente, pues sin consumo no puede haber producción en términos capitalistas.

Sin duda, en las sociedades piramidales el dinero es la vil y deleznable armadura de los mediocres sanguinarios y codiciosos que impiden que la especie alcance la altura de que son capaces los mejores seres humanos; los realmente valiosos y admirables, cuya actividad es creativa y nos dignifica y enriquece de verdad al permitir que cada uno desarrolle sus talentos y haga sus personal aporte a la Vida y la sociedad.

Por fortuna, las mayorías son decentes, no se venden. Viven sus valores éticos sobre cualquier concepto miserable de “triunfo” referido a la obtención de fortuna a costa de los valores inalienables de quienes nacieron dignos y aprecian su dignidad por encima de todo, de modo que la conservan y no la venden.

Pero sí venden su fuerza de trabajo para obtener ingresos honradamente, lo cual es incomprensible para quienes no son honrados y están acostumbrados al saqueo violento de todo lo que se les antoja.

Ese es el significado de la agresión del flamante macho pleno de testosterona (como Berlusconi y Sarkozy), Strauss Khan, al acosar sexualmente a la mucama africana en un hotel de Nueva York.

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