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domingo, 15 de mayo de 2011

CHANCE DEMOCRÁTICO REAL






Darío Botero Pérez



“… un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”
Simón Bolívar

La moderna y costosa infraestructura de carácter social construida por la administración municipal de Medellín -los llamados “colegios de calidad”, “jardines infantiles de calidad” y “parques bibliotecas”-, ofrece facilidades para que las comunidades que habitan en barrios con zonas deprimidas, abandonadas por el Estado, dispongan de oportunidades de redención, mediante la educación y la atención a sus necesidades básicas.

Ella les facilitan desarrollar sus talentos tanto como su relación fructífera con el resto del mundo, a fin de obtener lo mejor que éste les ofrece a las actuales generaciones. Sus integrantes, sépanlo o no, son auténticos habitantes de la aldea global o mundial.

El deber de quienes estamos vivos es establecer una sociedad digna en todas partes, aprovechando los avances técnicos y científicos que lo permiten y lo exigen para evitar la destrucción de la Naturaleza y el fin de la Vida a que nos conduce el monstruoso Neoliberalismo, deliberadamente mortal, inescrupuloso y cínico.


Pero la sola infraestructura -que hay que agradecer y aprovechar aunque sea tan pantallera y provechosa para los políticos en campaña-, requiere dotación, ojalá excelente, tanto como personal idóneo capaz de ayudarles a adquirir las luces del saber a poblaciones tradicionalmente marginadas de cualquier oportunidad de promoción social.

Ahí surge la dificultad más seria, pues la marginación social suele conllevar el acoso contra quienes desean superar su condición, tanto como el rechazo, y el amedrentamiento o atemorización del profesorado, por los combos de rebuscadores que no alcanzan a apreciar la importancia de la oportunidad que se les ofrece.

En vez de aprovecharla en su propio beneficio, prefieren amargarle la vida a la comunidad no violenta, interesada en estudiar para mejorar su situación y dispuesta a aprovechar cualquier oportunidad que se le presente.

Por desgracia, entre los alumnos se cuelan algunos intransigentes poco aficionados a estudiar y bastante prepotentes. Terminan involucrando al estudiantado en actividades que perjudican su formación y su dedicación, hasta llevarlos a fracasar en su propósito de convertirse en ciudadanos bien preparados para enfrentar los retos del presente y construir el futuro luminoso que podemos conquistar.

Esto significa que los potenciales estudiantes se ven privados de la oportunidad de progresar rompiendo el determinismo social que los mantiene sumidos en la discriminación y la miseria, con el delito como principal y, a veces, única forma de garantizarse la obtención de ingresos.

De esta manera, la comunidad se ve condenada a reproducir sus desventajosas condiciones de supervivencia por la absurda y contraproducente actitud de los violentos que se convierten en enemigos permanentes de sí mismos.

Generalmente se trata de muchachos del mismo barrio que no han tenido, como tampoco las tuvieron sus padres, oportunidades como las que ahora les brindan las autoridades a sus parientes, hermanos y vecinos, y a ellos mismos, si renuncian a su actitud resentida y bravucona, aceptando la disciplina y los sacrificios que exigen la formación y el aprendizaje.

Con su absurda actitud, producto de un ambiente adverso que les había negado las oportunidades que ahora les ofrece, se convierten en verdugos y frenos de su propia comunidad, condenándola al atraso permanente.

Sin duda, todos pueden entender que eso significa actuar como los inmediatos enemigos de sí mismos, y que depende de ellos mismos, como integrantes de la comunidad, evitarlo en beneficio de todos.

Por eso, es indispensable contar con la participación de la mayoría de vecinos para romper el círculo vicioso que les cierra la oportunidad de progresar honradamente, a tono con la civilización, preparados para enfrentar los grandes desafíos de la Humanidad condenada por los potentados.

Con ese propósito, la comunidad debe convocarse para definir reglas claras de convivencia y respeto mutuos, que alcancen a todos sus miembros y reconozcan la dignidad de todos. En especial de los jóvenes, respetando su derecho al libre desarrollo de la personalidad que muchos moralistas tienden a impedir y reprimir.


Los estudiantes que deseen formarse en los “colegios de calidad” deben concertar con la comunidad y el profesorado normas que precisen sus derechos y deberes, y que se comprometan libremente a respetar.

A su vez, los padres, los docentes y los directivos tendrán que respetarlos a ellos, siempre y cuando no perjudiquen a terceros, sin interferir en sus gustos y costumbres de “tribus” urbanas o “barras” de adolescentes en busca de su identidad y su diferenciación respecto a sus padres y demás adultos.

Es algo natural, vivido por todas las generaciones, cada una en su época y con sus medios, y que suele escandalizar a los adultos más intransigentes y poco conocedores de la vida. Como que han olvidado que fueron jóvenes o, quizás, no lo fueron, no los dejaron serlo. Por eso quieren impedírselo a sus hijos, convencidos de que es lo que más les conviene, sin caer en cuenta de que los frustran.

A los jóvenes de ahora les ha tocado vivir su transición a adultos en los albores de la Sociedad del Conocimiento y la Información, cada vez más definida pero perseguida y sometida a desafíos por quienes la ven como su gran enemiga, pues los priva de privilegios.

En los países de África y del Medio Oriente se está manifestando multitudinariamente el anhelo de libertad, justicia e igualdad que habrá de caracterizarla. Todos tenemos derecho a apropiárnosla y disfrutarla, lo cual exige estudio y preparación.

También demanda participación activa de los despiertos en la definición del futuro común y las instituciones que garanticen que será el mejor posible.

Para madurar en el respeto, los jóvenes requieren ejercer su independencia a fin de desarrollar su auto responsabilidad en una etapa de la vida que es azarosa, conflictiva y desafiante. En vez de críticas, necesitan apoyo y orientación, respeto, comprensión y afecto; recibir solidaridad, sentirse respaldados y disponer de oportunidades para formarse y ocuparse dignamente.

En consecuencia, no se debe permitir que la comunidad, el colegio o los profesores les impidan vivir, entender y superar su adolescencia, ni desarrollar y ejercer su propia y única personalidad, la que los singulariza e identifica como individuos irrepetibles, capaces de legarle a la Humanidad el fruto de su talento en caso de que la sociedad les ofrezca las condiciones adecuadas para hacerlo.

Merecen lo que nos han negado a las mayorías; o sea, la satisfacción de sus gustos, la expresión libre de sus ideas y el fomento de sus talentos en medio de un ambiente que les brinde los recursos necesarios para lograrlo.

Así podrán adquirir el aprendizaje necesario para respetar a los demás, en un ejercicio de mutua comprensión y tolerancia recíproca que mejore las condiciones de convivencia para todos.

Si desean estudiar, no tendrán que renunciar a su identidad por los caprichos de algún adulto retrógrado, incluyendo profesores apegados a disciplinas autoritarias, inaceptables hoy en día porque no respetan la dignidad de los alumnos.

Pretenden deformarles su personalidad en vez de ayudarles a que la busquen, la identifiquen y la desarrollen, como los seres únicos que son, auténticos milagros de la Vida que la sociedad de clases e inicua que impera, se esmera en homogenizar volviéndolos iguales, sumisos y dependientes, en vez de aprender de cada uno lo que cada uno es capaz de aportar y que nadie más puede aportar por él.

En compensación, los alumnos deberán aceptar que su compromiso requiere disciplina, esfuerzo y dedicación, de modo que no tienen derecho a robarles su tiempo y su oportunidad a quienes estén dispuestos a salir adelante haciendo los sacrificios que sean necesarios.

También les corresponde admitir que los profesores que les facilitan su formación merecen respeto, comprensión y agradecimiento en vez de amenazas y agresiones. Los primeros llamados a garantizárselos son los alumnos y los padres, acatando el pacto de convivencia que a todos los miembros de la comunidad les protegerá sus derechos, no sólo a unos cuantos privilegiados.


En síntesis, se trata de elaborar democráticamente el “Manual de Convivencia”, satisfactorio para todos y que todos deben apropiarse y defender, de modo que nadie se sienta con derecho a violarlo o, si lo viola, no pueda mantenerse impune. Su principio rector será “vivir y dejar vivir”.

De lo contrario, la ignorancia seguirá perpetuando el atraso y las malas condiciones de vida que afectan a quienes lo padecen, de modo que continuarán dependiendo de actividades delictivas o muy rudas para asegurarse la supervivencia, pues el desempleo generalizado los acosa.

En este sentido, el destino del pueblo reside, primero que todo, en sus propias manos. Pero asumirlo es difícil debido al atraso, las angustias, los temores y el enfrentamiento mutuo en que viven sumidos sus integrantes, llenos de necesidades; muchos de ellos desplazados que han visto roto su tejido social, carentes de solidaridad, abandonados o perseguidos por las autoridades, y atemorizados por los delincuentes.

No obstante, los tiempos que corren son propicios para la participación de todos en la solución de los asuntos que afectan a las comunidades y a cada uno de sus miembros.

En consecuencia, sin caer en la ilusión de que participarán masivamente pero buscando que así sea, todos deben ser convocados a fin de que los que se integren establezcan normas de convivencia ajustadas a su realidad social y respetuosas de todos los miembros de la comunidad, incluyendo a quienes se nieguen a participar en su presentación, discusión y aprobación.

La participación es libre. Entre más vecinos intervengan, más ideas y puntos de vista serán considerados. A nadie se le impedirá intervenir ni será criticado por lo que proponga, pero todas las ideas o propuestas serán criticadas, si merecen ser examinadas y tenidas en cuenta.

Desde luego, se trata de ideas, opiniones o propuestas pero no de insultos que ofenden y nada positivo aportan.

Por tanto, nadie debe ofenderse por ellas y poco importa quien las presentó. No se pretende robar derechos de autor sino propiciar un ambiente cordial y amplio para debatir sin temores ni limitaciones, atendiendo sólo a los beneficios o a los perjuicios que una propuesta determinada pueda acarrear si la comunidad la acepta (o si la rechaza).


Específicamente, es necesario definir y adoptar reglas claras para garantizar el funcionamiento de los colegios nuevos en los barrios tradicionalmente llenos de problemas de todo orden, abandonados por las autoridades y, generalmente, violentos y amenazados por bandas armadas que se disputan el mercado local de los alucinógenos pero fácilmente incurren en otros delitos contra la integridad, la dignidad, el bienestar o los bienes de los vecinos.

La comunidad también debe convocar a sus integrantes para que se comprometan a respaldar o, al menos, a respetar y a no impedir la legítima aspiración de las nuevas generaciones a mejorar su nivel de vida aprovechando la oportunidad de recibir una educación de calidad que casi nunca ha estado disponible para los pobres.

En vez de sabotear, les corresponde vigilar para que la inversión en ostentosos edificios de excelentes especificaciones y adecuadas instalaciones, se complemente con los recursos permanentes, necesarios y suficientes que aseguren el óptimo funcionamiento de los colegios de “calidad”.

Son patrimonio de la comunidad. Ésta se los debe apropiar para extraerles el mayor beneficio posible para las actuales y futuras generaciones.

Es deber y derecho de todos implantar y disfrutar formas dignas de convivencia y socialización que los beneficien a todos, no sólo a los jóvenes estudiantes. También a los que están desempleados y a los que integran las bandas, y a los niños, los adultos y los viejos, sin diferenciarlos por sexo y cualquiera que sea su condición.

Al respecto, la oferta educativa debe ser abierta, con el propósito de constituir una alternativa para quienes nunca habían podido estudiar pero ya pueden hacerlo si aprovechan la oportunidad que ahora se les presenta. Ni la edad avanzada es un impedimento para quien quiera progresar.

Se trata de una labor de persuasión, amplia, flexible, tolerante, continua, clara, sin cartas escondidas ni discriminaciones de ninguna naturaleza, que a todos los convoque y les ofrezca la oportunidad de participar e involucrarse a medida que desarrollan su solidaridad, altruismo y sentido de pertenencia, expresados mediante el respeto a la vida en todas sus manifestaciones, comenzando por la de parientes y vecinos.

La metodología puede ser aplicada acá y en todas partes, a todos los niveles. Es sencilla y poderosa. Nos despeja el futuro y derrota a los déspotas de todos los pelambres.

¡El futuro está en nuestras manos, no en la de quienes nos suplantan y están acabando con el Mundo y la Vida!

La Democracia Directa es el camino para resolver todos los problemas, desechando los que no lo son pero se nos presentan como tales para distraer la atención de la población y continuar impunemente las agresiones contra el Mundo.

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